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“Muchas veces tuvimos que dejar las cámaras para ayudar”

 

ENTREVISTA A DAVID FONTSECA, CODIRECTOR DE TO KYMA: RESCATE EN EL MAR EGEO

- LUGAR Y FECHA DE NACIMIENTO: Vic (Cataluña), 30 mayo de 1973.
- TRAYECTORIA: Veinte años en el mundo audiovisual, realizando documentales y programas de televisión. En 2015 funda la productora La Kaseta Ideas Factory y desde entonces ha realizado numerosos rodajes centrados en historias sociales. To Kyma es su octavo trabajo. En la actualidad, ultima un reportaje sobre los desplazados por la guerra de Irak.

Hipotermia, miedo y muerte, concretamente, la de 3.400 personas fallecidas o desaparecidas en el mar desde inicios del 2016. Esta es la realidad de los miles de desplazados que intentan cruzar el Mediterráneo con nada más que lo puesto. Una realidad a la que Europa y el mundo dan la espalda, pero en la que se han embarcado los socorristas voluntarios de la ONG Proactiva Open Arms, los “ángeles de la guarda” de quienes lo han perdido todo menos la esperanza. El realizador David Fontseca recogió junto a Arantza Díez esas duras e incómodas imágenes en el documental To Kyma, que el día 16 se proyectó en el Centro Social Rey Heredia, dentro de la XIII Muestra de Cine Social La Imagen del Sur.

1. ¿Qué le empujó a rodar este documental?
Llevaba muchos meses buscando una fórmula para denunciar la tragedia de los refugiados, pero en este país también necesitas un gancho para llegar a los medios. No había forma de que se interesasen. Cuando me enteré de que Proactiva Open Arms se iba a Lesbos, los seguí en redes sociales. Tenían apenas seguidores y se juntaron todas las ideas que yo tenía con lo que ellos estaban haciendo. Entonces llamé a Arantza y en dos semanas salimos para Lesbos sin billete de vuelta. Las televisiones no se comprometieron hasta no ver las imágenes.


2. ¿Qué fue lo más difícil del rodaje?
Estar al lado de gente desesperada, de gente como tú y como yo, que intenta huir de la guerra y la miseria. Lo más chocante fue ver a los niños hipotérmicos, llorando. Ésa es la imagen que se me queda en la retina. También la de los abuelos que literalmente se nos morían en las manos y la de las señoras de 80 años a las que ni les cabía el chaleco.

3. ¿Hay algo que no haya podido rodar o incluir en el montaje final?
Hay cosas que no están por ética, como los cuerpos de niños inflados, ya fallecidos, aunque luego se han visto en televisión. Allá cada uno con el tipo de periodismo que quiere hacer. Eso no lo incluí en el montaje, pero rodar, lo rodé todo porque sabía que si no lo contábamos nosotros, nadie lo haría. Sí es cierto que parte del equipo tuvo que parar varias veces porque no podía resistir imágenes como la del hundimiento del barco con 200 personas. Son momentos muy difíciles.


4. Viendo las imágenes parece imposible contener el impulso de dejar de grabar para agarrar una de esas manos que piden ayuda. ¿Lo hizo?
Muchas veces. Todos tuvimos que dejar las cámaras alguna vez porque no había suficientes manos para ayudar. En mitad de una panorámica me pasaron a un niño y no volví a rodar hasta después de dejarlo en la orilla. Para un fotógrafo es diferente porque echa tres fotos y se pone a ayudar, pero nosotros no podíamos. Procuramos contar la historia siempre y cuando nadie corriera peligro.


5. ¿Cómo ha retratado el momento de los rescates?
Siempre con la mínima intromisión. Algunos llegaban contentos por haber sobrevivido y cumplido su sueño de llegar a Europa, pero otros llegaban deprimidos por haber dejado a su familia, su vida atrás. Cuando no querían ser grabados, nosotros parábamos.


6. ¿Cómo viven ese día a día los voluntarios, que también han dejado su vida atrás para salvar la de otros?
Para ellos es muy duro. Hace un año no dormían. Era un no parar. En octubre de 2015 llegaron más de 8000 personas en un solo día y la mayoría lo hizo de noche. Entonces no tenían ni tiempo para dormir ni para comer. Psicológica y físicamente era tan imposible que tenían que hacer turnos de 15 días. A los dos meses se empezaron a organizar mejor.


7. ¿Cómo tratan los guardacostas a los refugiados?
Hay de todo. Yo he visto guardacostas intentando pinchar un bote de refugiados y también he visto a otros hacer lo imposible por salvarlos. No debemos olvidar que su trabajo no es el del rescate y Lesbos une dos continentes, dos fronteras, luego están allí para controlar quién y qué pasa esas fronteras.


8. Pero, ¿no viola lo primero que comenta lo estipulado en la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados (Capítulo I. Artículo 3: prohibición de la discriminación)?
Correcto.


9. ¿Y no han recibido algún tipo de comunicado o ayuda por parte de las instituciones europeas?
No. Al menos no en La Kaseta. Cuando terminamos el documental nos invitaron a proyectarlo en el Parlamento Europeo. A nosotros nos sorprendió, pero cuando llegamos, vimos que en el auditorio, a pesar de estar lleno, sólo había tres europarlamentarios. Entonces es cuando te das cuenta de que prefieren beberse una birra con sus colegas en vez de ver algo que ocurre al lado de su despacho. Eso funciona así. Este año volví a Lesbos y no me han dado permiso para casi nada. Los refugiados están fatal en los campos, están viviendo como animales. Ellos quieren evitar que se vea y que se hable del tema. Ayer hablé con un deportado desde Turquía a República Dominicana que iba esposado de pies y manos desde Grecia y al que le habían puesto dos chips de seguimiento en Panamá. Esto es lo más parecido a lo que los nazis hacían con los judíos hace 60 años. Ahora mismo Grecia está ejecutando silenciosamente una forma de actuar muy negativa.


10. Lejos de respaldar una política integral, hasta ahora Europa ha fortalecido las fronteras, lo que se ha traducido en más control y menos salvamento. ¿Cree que estará por la labor de una reforma de la política migratoria y un reparto equitativo en la acogida de refugiados?
No. Al contrario. Europa está en un punto de inacción. Nadie tiene claro qué hacer porque nadie tiene la capacidad de dirigir esto y por eso al final terminará mal. Italia está acogiendo por su cuenta y es un ejemplo a seguir.


11. ¿Y qué hay de la ciudadanía? ¿El documental ha removido conciencias?
Sí, y es de lo que más me alegro. Muchísima gente nos ha felicitado y nos ha dicho que después de ver el documental formó su propia ONG o asociación para ayudar a los refugiados. Ha habido un movimiento brutal que nunca había vivido en mi carrera. La gran mayoría de voluntarios en los campos de refugiados son voluntarios españoles que se fueron después de ver el documental.